Los jóvenes viejos
Poe Horacio Laccabane
«Volvió el Jefe», dijo Jesús cuando llegué a la redacción el jueves por la tarde. Vi el auto respondí. Gregorio, que tipiaba el teclado de la computadora como quien toca una rapsodia en el piano, dijo: Hay que pasarle «las datas» de los días que estuvo tiznándose en el Chalten. ¿Hasta allá llegó?, pregunté. Si, dijo Jesús y más lejos creo y agregó: Si volvió con las telas de las cubiertas. Nosotros acá laburando y el tipo de recorrida por el sur, se quejó Gregorio. Bien, dije, se lo tiene ganado. Uy, mi Dios, que ortiva exclamó Jesús.Jesús y Gregorio son dos jóvenes redactores de La Semana Ya, el diario digital que se está relanzando. Me hizo gracia que utilizara la palabra «ortiva», que yo creí perdida o literalmente desaparecida de los diccionarios del lunfardo.¿De donde la sacaste?, le pregunte.La usa mi viejo, que debe tener tu edad, de tanto en tanto, sobre todo cuando ve futbol por televisión y puede apreciar las virtudes de nuestros jugadores para con sus compañeros de profesión cuando le piden al árbitro que amoneste o eche al contrario. «Flor de ortiva» dice mi viejo en tales circunstancias.Me lo quede mirando y le dije: Si digo que tu viejo tiene razón, también soy ortiva.Gregorio se echo a reír y le dijo a Jesús, Yo te dije que con los veteranos no se puede.Como nosotros no podemos lo que ustedes, manga de jopendes, repliqué muerto de risa.Bueno, hagamos un rápido repaso por lo ocurrido en las últimas dos semanas, sugerí tomando la batuta. Jesús enuncio «tema uno»: Los «afanos». A la empresa del señor Garcia sobre la ruta 8, nuevo adjudicatario de la licitación para la señalización de la nueva autovía, donde le cargaron todo lo que pudieron en un camión y rajaron. Y al señor Spomer, en realidad a sus hijos, puntualizó, que le robaron en el comercio de forrajería y alimentos balanceados y los llevaron a su casa y le robaron dinero y electrodomésticos. Venían con la precisa, señalo Jesús que entrevistó a uno de los hijos de Elbio. Hubo reuniones de los vecinos de Parada Robles, pedidos de entrevistas con el secretario de Seguridad Alberto Bardeli y quejas al por mayor.Otro tema, arremetió Gregorio: Se inauguro casi en tiempo y forma la pileta semi-olímpica en el Paseo Arco Iris. También hubo carnavales tanto en Robles como en Los Cardales. Y un interesante decreto municipal, pero de confuso nombre «Veeduria Ciudadana», para que los vecinos puedan seguir las obras que se están realizando y comprobar si se está cumpliendo con los tiempos establecidos.Jesús y Gregorio se miraron, me miraron y me preguntaron sobre mi aporte con la expresión típicamente juvenil de «mira como te la puse».Con lo que me contaron tienen suficiente para entretener «al jefe», dije y agregué: Sigan así, que yo aporto mi experiencia, y me fui hacía el Café de los Jueves, sin dejar de escuchar los gritos desde la ventana de la redacción «Así no vale».En el Café… me recibió Freddy con la amabilidad habitual. Se lo ve contento, me dijo. Ah, sí, le respondí. Es que la gente joven como vos me divierten y me enseñan. Pensé en una vieja frase, antiquísima, ya en desuso, que usaban mis abuelos, «Juventud, divino tesoro». En torno a la mesa del bar estaban José, Omar, Bernardo y Félix; todos perfectamente acomodados, todos perfectamente servidos y atendidos. Placidos, relajados y no sé bien porque tan viejos como yo. Los mire como a cuatro extraños y le dije a Freddy: Servime en la barra.
«Volvió el Jefe», dijo Jesús cuando llegué a la redacción el jueves por la tarde. Vi el auto respondí. Gregorio, que tipiaba el teclado de la computadora como quien toca una rapsodia en el piano, dijo: Hay que pasarle «las datas» de los días que estuvo tiznándose en el Chalten. ¿Hasta allá llegó?, pregunté. Si, dijo Jesús y más lejos creo y agregó: Si volvió con las telas de las cubiertas. Nosotros acá laburando y el tipo de recorrida por el sur, se quejó Gregorio. Bien, dije, se lo tiene ganado. Uy, mi Dios, que ortiva exclamó Jesús.Jesús y Gregorio son dos jóvenes redactores de La Semana Ya, el diario digital que se está relanzando. Me hizo gracia que utilizara la palabra «ortiva», que yo creí perdida o literalmente desaparecida de los diccionarios del lunfardo.¿De donde la sacaste?, le pregunte.La usa mi viejo, que debe tener tu edad, de tanto en tanto, sobre todo cuando ve futbol por televisión y puede apreciar las virtudes de nuestros jugadores para con sus compañeros de profesión cuando le piden al árbitro que amoneste o eche al contrario. «Flor de ortiva» dice mi viejo en tales circunstancias.Me lo quede mirando y le dije: Si digo que tu viejo tiene razón, también soy ortiva.Gregorio se echo a reír y le dijo a Jesús, Yo te dije que con los veteranos no se puede.Como nosotros no podemos lo que ustedes, manga de jopendes, repliqué muerto de risa.Bueno, hagamos un rápido repaso por lo ocurrido en las últimas dos semanas, sugerí tomando la batuta. Jesús enuncio «tema uno»: Los «afanos». A la empresa del señor Garcia sobre la ruta 8, nuevo adjudicatario de la licitación para la señalización de la nueva autovía, donde le cargaron todo lo que pudieron en un camión y rajaron. Y al señor Spomer, en realidad a sus hijos, puntualizó, que le robaron en el comercio de forrajería y alimentos balanceados y los llevaron a su casa y le robaron dinero y electrodomésticos. Venían con la precisa, señalo Jesús que entrevistó a uno de los hijos de Elbio. Hubo reuniones de los vecinos de Parada Robles, pedidos de entrevistas con el secretario de Seguridad Alberto Bardeli y quejas al por mayor.Otro tema, arremetió Gregorio: Se inauguro casi en tiempo y forma la pileta semi-olímpica en el Paseo Arco Iris. También hubo carnavales tanto en Robles como en Los Cardales. Y un interesante decreto municipal, pero de confuso nombre «Veeduria Ciudadana», para que los vecinos puedan seguir las obras que se están realizando y comprobar si se está cumpliendo con los tiempos establecidos.Jesús y Gregorio se miraron, me miraron y me preguntaron sobre mi aporte con la expresión típicamente juvenil de «mira como te la puse».Con lo que me contaron tienen suficiente para entretener «al jefe», dije y agregué: Sigan así, que yo aporto mi experiencia, y me fui hacía el Café de los Jueves, sin dejar de escuchar los gritos desde la ventana de la redacción «Así no vale».En el Café… me recibió Freddy con la amabilidad habitual. Se lo ve contento, me dijo. Ah, sí, le respondí. Es que la gente joven como vos me divierten y me enseñan. Pensé en una vieja frase, antiquísima, ya en desuso, que usaban mis abuelos, «Juventud, divino tesoro». En torno a la mesa del bar estaban José, Omar, Bernardo y Félix; todos perfectamente acomodados, todos perfectamente servidos y atendidos. Placidos, relajados y no sé bien porque tan viejos como yo. Los mire como a cuatro extraños y le dije a Freddy: Servime en la barra.
Comentarios